Por Sandra Russo

(APE).- Diez años después de la Cumbre Mundial de Alimentación (CMA), que se llevó a cabo en 1996 en Roma, sus objetivos, que eran reducir a la mitad el número de personas subnutridas para 2015, parecen naufragar en medio de esfuerzos que no alcanzan, crecimiento demográfico y políticas específicas insuficientes.

Pese a que algunas regiones, como América Latina y el Caribe, experimentaron una reducción general tanto del número como de la prevalencia de personas subnutridas, las tendencias de la disminución del hambre encubre en verdad enormes diferencias entre regiones, lo cual ofrece el panorama de un mundo atrozmente inequitativo.

El director general de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, afirmó que las promesas no sustituyen a los alimentos y exhortó a los líderes mundiales a cumplir con el compromiso adquirido en 1996. “Lejos de disminuir, la cifra de personas que pasan hambre en el mundo está aumentando a un ritmo de 4 millones al año”, concluyó en la presentación del Informe Anual de la FAO. En él se maneja el índice (SOFI), que mide la inseguridad alimentaria en el mundo. Según él, actualmente son 820 millones de personas los que pasan hambre, mientras en 1996, cuando se celebró la última Cumbre, los hambrientos sumaban 800 millones.

La reducción experimentada se diluye frente al crecimiento demográfico: es sólo en virtud del aumento de la cantidad de habitantes que la proporción entre hambrientos y no hambrientos disminuyó. Pero ese dato encubre que, pese a él, son cuantitativamente más los hombres, las mujeres y los niños que diariamente experimentan hambre. Más de la mitad de esas personas viven en Asia Meridional, Asia Oriental y el África subsahariana. Esas regiones concentran hoy la gran masa de hambrientos del mundo. Son regiones condenadas, al mismo tiempo que a las hambrunas, a las guerras permanentes y a los conflictos que obligan a migraciones permanentes.

La FAO recomienda, entre otras cosas, medidas puntuales, como incrementar la productividad de la pequeña agricultura, creación de programas e inversiones en los focos de pobreza y condiciones adecuadas para la inversión privada, incluida la transparencia y la buena gestión pública. No obstante, pese a esas recomendaciones y al fracaso estentóreo de los compromisos internacionales, la lectura de estos datos permite sospechar que la disminución del hambre en el mundo no es una cuestión de buena voluntad, porque el mercado no la tiene. Ni tiene conciencia, ni tiene piedad.

Fuente de datos: Agencia de Noticias Adital - Brasil 31-10-06

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