Por Carlos del Frade

(APE).- Las balas no se equivocan. Apenas cumplen el mandato de aquellos que esgrimen las armas que las disparan, pero las balas no se equivocan. No matan por error.

Tres pibes afganos se quedaron sin cielos que descubrir ni tampoco se cubrirán sus puestos en las rondas de los juegos que los tenían como protagonistas.

Dicen que los mataron por error en el distrito de Pech, en la provincia de Kunar, según informaron las agencias internacionales de noticias.

Sostienen que estaban equivocados sus matadores mientras ensayaban los efectos que causaban sus morteros de precisión.

Mentira.

Las llamadas fuerzas de asistencia para la seguridad -¿la seguridad de quién?- de la Organización del Tratado del Atlántico Norte lanzaron sus balas de morteros sobre la zona este de Afganistán.

Y sembraron lo que buscaban: muerte. Porque para eso se formó la OTAN, para administrar la muerte a aquellos que, supuestamente, se enfrentan a los designios de los poderosos del norte del mundo.

La información dice que según los voceros de las tropas de la OTAN los tres chicos asesinados deben contabilizarse detrás del concepto error técnico.

Tres vidas menos por un error técnico.

Mentira.

La tecnología no incurre en errores, simplemente es utilizada por aquellos que la usan de acuerdo a su manera de ver el mundo.

Los ensayos implican lanzar bombas y si muere alguien formará parte de la decisión humana que ordenó la ejecución.

No se trata de errores.

Se trata de la previsible consecuencia de una maquinaria de muerte y perversión siempre en movimiento.

Los tres chicos afganos de quienes se desconocen datos filiatorios fueron asesinados con premeditación y alevosía.

“Error técnico” es una frase que no quiere ocultar el desprecio por la vida que tienen los integrantes de la OTAN, si no todo lo contrario. Quiere exhibir el cínico ejercicio con el que los componentes de esa organización gozan de impunidad.

Muestran la impunidad a través de esa frase. Fue eso para ellos, no son vidas arrancadas sino errores y nada más que eso. Ese es el tamaño del desprecio, el exacto lugar que deben tener la vida de los chicos afganos para la OTAN, simples consideraciones técnicas, ninguna comprensión moral o ética.

¿Quién pedirá justicia por los tres chicos afganos asesinados por la OTAN?

¿Quién cometerá el error político de enfrentarse a los magnates del genocidio del norte del planeta para exigir el final de la barbarie y la hipocresía?

Mientras los pibes afganos ya forman parte de las crónicas del olvido naturalizado, nuevos errores técnicos están a punto de perpetrarse en nombre de la libertad y la paz del mundo.

Mentiras.

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