Muertes evitables

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Por Sandra Russo

(APE).- Mientras se desarrollaba en Nueva York la Asamblea General de las Naciones Unidas, tuvo lugar en esa ciudad, en paralelo, un Simposio de expertos en Salud sobre la Supervivencia de la infancia. Al mismo tiempo, fueron publicados en la revista científica The Lancet los resultados arrojados por un informe de UNICEF y OMS sobre la situación de los menores de cinco años de edad en los países con las tasas más elevadas de mortalidad en esa etapa etaria.

Un dato que por sí solo pinta el desolador panorama que envuelve a los más débiles entre los débiles: los niños pobres. La neumonía, ella sola, mata a más niños menores de cinco años que el sida, el paludismo y el sarampión combinados. Son dos millones de niños en todo el mundo los que mueren cada año por esa infección pulmonar, totalmente tratable y superada por niños que la padecen pero se encuentran incluidos en los respectivos sistemas sanitarios.

Según el informe publicado en The Lancet, un seguimiento sobre los países con tasas más altas en la mortalidad infantil arroja resultados desalentadores con respecto a la meta trazada por los organismos internacionales como el Cuarto Objetivo de Desarrollo del Milenio, que consistía en reducir la mortalidad infantil en dos terceras partes desde 1990 hacia 2015. En algunos de esos país no sólo no se ha reducido sino que ha aumentado.

También hay ejemplos a seguir, como los de Bangladesh, México, Nepal, Egipto, Indonesia, Brasil y Filipinas.

Pero en concreto, son 29.000 los niños menores de cinco años que mueren cada día por causas evitables.

Evitable es un adjetivo acusador. Evitable es que una sociedad entera falló. Y que a la hora de evaluar cómo funciona un país, una tasa alta de mortalidad infantil indica que sea lo que fuere que políticamente se esté jugando allí, no sirve: la política es un instrumento para que los bienes escasos, como la salud, se desparramen entre la mayor cantidad de gente posible.

Por eso, en sus conclusiones, el Simposio llama a reforzar con urgencia el acceso de todos los niños en estado de riesgo a productos médicos y medidas sanitarias que los protejan de la muerte. Sería como empezar por el principio, que al mismo tiempo es un principio moral.


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