Por Alfredo Grande

(APe).- No podemos enfrentar a los enemigos con las mismas armas que nos entregan para enfrentarlos. Porque no son las mismas armas, aunque puedan tener su apariencia. Las balas son de fogueo, los percutores se traban, las miras láser están desviadas. Nos entregan armas para que no podamos defendernos. Cuando escribí “Las armas del Pueblo” me refería a los conceptos que no son otra cosa que el sentido fundante de las palabras. Por eso la disputa del sentido es, en todo momento, la única batalla que no puede ser perdida.

Con autorización de su graciosa majestad, el servicio secreto inglés tenía un agente con licencia para matar. El legendario 007 James Bond.

Con autorización de su nada graciosa majestad, el servicio secreto norteamericano tiene un agente con licencia para gobernar y asesinar. El menos legendario 004. El número alude a la cantidad de años que el mandato constitucional autoriza para organizar una diversidad de operaciones masacres. 004 Licencia para Gobersinar. O sea: neologismo que une el gobernar con el asesinar. No es lo mismo: es peor. Es como votar un marido (eso habitualmente se llama sacramento) y terminar viviendo con el enemigo. Que terminará asesinando, en cuotas o al contado.

Gobersinar es el mandato que la cultura represora le exige a los que, en nombre de alucinatorias luchas anti inflacionarias, anti populismos, anti privilegios, se apropian de la inflación, usufructúan los populismos de amigos y acumulan todos los privilegios. Nadie hace la plata trabajando, nos enseñó un filósofo poco valorado. Pero todes los que hacen mucha, pero mucho plata, la hacen asesinando.

La apropiación de plusvalía es una forma hasta elegante de asesinar salarios. Los cuadros tarifarios actuales son asesinatos dolosos agravados por el vínculo y el abuso de posición dominante. El adoctrinamiento que la Gendarmería tendrá sobre cuerpos y mentes, denominado “servicio cívico voluntario en valores” ya tiene más de 9000 inscriptos por día. Uno de esos valores será, como dudarlo, el asesinato por la espalda.

O sea: el valor de la cobardía y el valor del sometimiento. Pertenecer al servicio penitenciario tornará caduca la advertencia de Nicolás Guillén. “Tu eres pobre, lo soy yo. Soy de abajo, lo eres tú. ¿De dónde has sacado tú, soldado, que te odio yo?”

Yo tengo algunas ideas de donde lo ha sacado. El odio es porque todavía queda una conciencia lejana de lo que es la traición de clase. Por eso te odio yo. Y para Gobersinar hay demasiadas traiciones, complicidades y cinismos de clase. Los asesinos de ayer, pretenden ser los verdugos de los asesinos de hoy.

Pero Claudia Rafael nos impide distraernos: “El Indec acaba de publicar datos cruciales que ya viene ofreciendo el Observatorio de la Deuda Social de la UCA desde hace tiempo. El Indec. El hacedor de estadísticas oficiales dijo lo que todos saben pero esta vez, desde un organismo del Estado. Y fue arrojado al sótano al que nadie mirará porque la existencia de 5 millones de chicos pobres y 1 millón de indigentes no despeina a nadie. El hambre no es noticia. Ni la falta de futuro. Ni la ausencia de techo ni de libros ni de sueños”.

Justamente no despeina porque abundan las pelucas de la pornográfica indiferencia. Estamos formateados por la cultura represora para conmovernos por el asesinato de Mufasa y el dolor de Simba, el futuro rey león, pero salir del cine y no mirar, ni ver, ni escuchar, a cientos de Mufasas y Simbas que están condenados por sus verdugos, pocos visibles, a morir sin la dignidad de la lucha.

El paraíso de los verdugos, es que el 004. Licencia para Gobersinar, tenga también obsolescencia programada. Algunos llaman a esto elecciones. Pero los daños, las atrocidades, los dolores, las tristezas, no tendrán forma de ser curadas.

El tiempo ya no curará las heridas, sino que las agravará. Seguirás sangrando por toda la eternidad. No pudimos prevenir y ahora tampoco podremos curar. A menos que nuestra mirada, nuestra escucha, nuestra esperanza no planificada, nuestra desaptadación crítica a esta cultura represora, haga germinar un arma nueva. Que no tenga la marca de la unidad oportunista e hipócrita, sino la marca indeleble de la unión de las clases empobrecidas y envilecidas.

Nuestra redención será colectiva y revolucionaria, o no será.

Pintura: José Clemente Orozco

Edición: 3922

Recién editado

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